logo Crayola editable-6.png
  • periodicolibre

EL MISERABLE



I

¿Cómo un hombre se proclama libre, ante la no libertad?

No lo sé

Pero, mientras tanto, voy a seguir amando, fumando marihuana y leyendo poemas.

La suciedad se ha alejado de mi pensamiento, por lo menos en este presente que colea inasible. Me siento en paz, puedo decirlo con certeza.

II

Vida, fútil vida sin colores ¿Cuál es mi sendero? ¿Por qué me desorientas tanto? A veces, ya ni soy yo, ni soy el crepúsculo, ni la noche, ni la mujer que amo. No me considero siervo de esta capital vulgaridad, solo la vivo porque no sé para dónde ir. ¿Cuál es mi camino, la lucha armada, el arte, la indiferencia? ¿Cuál? ¿Cuál camino escoger? No quiero ser un intelectual anacoreta, apartado de la realidad; ¿Cómo te vivo? Vida insondable y a su vez de mil colores también. Sé que fuera de aquí, no muy lejos de esta oficina, hay magia, está la suplencia de mi vacío, la efusión del ánimo; no muy lejos de esta puerta, no me sentiré tan plenamente convencido de mi derrota, anquilosado y tan consciente de ello.

Lo cierto, es que ya llevo el germen, la inconformidad, una bacteria revolucionaria que pulula en mí, no soy un hombre, soy un pueblo. Y me duele mi desdicha y así mismo la de ésta orbe que contradice tanto su humanidad, su naturaleza. Tampoco quiero ser Lenin, ni Stalin, ni el presidente Gonzalo; solo aspiro a ser un individuo respetuoso de sí y de los demás individuos, de sus derechos por el hecho de ser humanos, de la dignidad que nos corresponde por el mismo hecho, y de las libertades que argumentan la pasión de lo que significa vivir.

III

Hay tardes en las que no soy abogado.

Hay tardes en que ni siquiera soy yo.

Hay tardes en esta oficina, que solo siento el peso de la monotonía atragantándose en la garganta.

Me desconozco, no puedo estar quieto.

Este trabajo inútil, intrascendente, incesante.

Ya ni a los Dioses se puede acudir, pues me han condenado.

Invidente, no puedo saber en qué lugar de la pendiente estoy, ni donde empieza, ni donde termina.

Simplemente vuelvo y empujo la pesada culpa de tener una técnica.

¿A qué jugamos? ¿A los hombres absurdos con corbata?

Hay tardes como ésta, en que solo soy un Sísifo más.


Henry P.



2 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Huelga