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LA EVOCACIÓN DE LA MEMORIA

Luis Alejandro Concha



Han transcurrido 7 años y cuatro meses desde el día en que Luis Alejandro Concha estudiante de Filosofía de La Universidad Libre cayó muerto en su propia residencia, la ligereza de los medios de comunicación y la fuerza policial atribuyó rápidamente el suceso a un examen fallido en la preparación de explosivos por parte de una milicia urbana de las Farc. Sin embargo, esta deficiente declaración, que no tenía más respaldo que un argumento de autoridad, desconocía de plano, la otra versión de la historia, aquella que estaba en cabeza de los padres, quienes tendrían que soportar no solamente la pérdida de su hijo, sino además la injusta estigmatización y el macartismo infame que se le atribuye a todo aquel que se separe de conceptos pro-sistémicos y exponga ideas críticas.


La muerte de Luis Alejandro se dio en condiciones muy extrañas, precedidas por acciones de inteligencia del Cuerpo Técnico De Investigación, que terminaría en el lanzamiento de dos artefactos explosivos a su residencia dejando destruido el lugar y tres personas muertas (entre ellas Luis). Tal como lo relata su madre en cada espacio donde tiene la oportunidad de reivindicar la memoria de su hijo.


La muerte de Luis no pasa únicamente por la vulneración a un derecho fundamental, si no que responde estrictamente a la agudización y degradación del conflicto social y armado que vive el país, donde la confrontación de las ideas se supera por medio de la imposición de la violencia, donde no se avizora con claridad esa delgada línea entre los crímenes cometidos por actores ilegales y el propio estado, donde es inexistente la tolerancia por el pensamiento opuesto, donde las violación de derechos humanos se vuelve sistemática, donde la muerte ya no se cualifica sino que se cuantifica y donde la política convive inconmensurablemente con mantos de sangre.


La reconstrucción de la sociedad necesita indefectiblemente de la memoria histórica que nos garantice justicia que menesterosamente vendrá acompañada de la verdad, para recordar los caminos por los que trasegamos con el fin de eliminar la reincidencia. Y es ahí donde toma fuerza recordar a Luis Alejandro, para que no se pierda en el olvido, para vernos reflejados en él y poder asumir de una vez por todas, ese compromiso ineludible que como estudiantes tenemos con las generaciones venideras de formar un país mejor.

No tendremos paz, mientras que sucesos como el de Luis Alejandro Concha se quede únicamente en la memoria de sus compañeros o sus familiares y no traspase esa barrera social de indiferencia, no habrá paz mientras no podamos manifestar disensos con la tranquilidad de poder vivir y ser quien somos.



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