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La minería ¿locomotora de nuestra economía?




En este artículo se hablará de la minería, que según el gobierno, es la locomotora de la economía del país, y de alguna manera lo es, ya que según cifras, en el 2011 la explotación minera representó casi 60% del valor total de lo que exportó la nación, aun así, su participación en el PIB es muy baja, esto debido a que el encadenamiento con otros ejes de la economía es casi nulo, ya que lo explotado se utiliza, como ya se mencionó, para ser exportado; la maquinaria que se utiliza es importada y los puestos de trabajo que se generan son mínimos -cifras internacionales hablan de 0.6 empleos generados por cada millón de dólares invertidos-. Es por esta razón que el argumento que afirma a la minería como la loco- motora de la economía no es del todo

real, ya que si bien es cierto, la ren- tabilidad que genera la extracción de minerales del subsuelo es muy alta, eso poco se ve reflejado en la econo- mía del país, en particular, porque las empresas que están extrayendo los recursos, en su inmensa generalidad son multinacionales extranjeras y los réditos que dejan a nuestro territo- rio no pasan de unos pocos miles de millones de pesos, provenientes, es su mayoría de las muy mencionadas regalías, regalías que por demás, son manejadas, en la mayor parte de los casos de manera fraudulenta y co- rrupta -como mucho en este país.


Como si esto fuera poco el gobierno nacional desde la década del noventa ha manejado políticas tributarias que son extremadamente laxas con la inversión extranjera, esto con el fin de incentivar dicha inversión, y es este uno de los puntos que más llama la atención, ya que no se encuentra una explicación lógica por la cual nues- tra nación no sea capaz de explotar sus propios recursos, si bien es cierto que somos un país de aquellos denominados “tercer mundistas”, tenemos todas las capacidades humanas para desarrollar proyectos de minería a gran escala, además de esto, nuestra legislación nos permite crear uniones temporales o consorcios que permitan que se unan diferentes empresas, de diversos sectores, cada una de ellas especializada en su propio campo, para que de esta manera unan fuerzas -conocimientos y tecnologías para llevar a cabo dichas explotaciones, en cuyo caso, las ganancias por dicha explotación serían mucho mayores y se verían reflejadas de manera muy diferente a como hoy se perciben.


Dejando de lado el factor económico de la “locomotora” otro aspecto es el ecológico, es decir, las consecuencias medio ambientales que la explo- tación minera conlleva, como es de saber, estas son varias y muy diversas, entre ellas y por mencionar algunas, están: la deforestación de selvas, algunas de estas vírgenes, la utilización descomunal de grandes cantidades de agua, que en el caso de la extracción de oro es contaminada con cianu- ro, veneno extremadamente toxico, agua que luego es regresada al medio ambiente donde contaminará todo con lo que entre en contacto, muchas de las veces, seres humanos, algunos de ellos indígenas, que poco o nada verán el “beneficio” de esta “locomotora”, y como si esto fuese poco, otro impacto de la explotación minera en el medio ambiente es el que se refiere al entorno natural, a los paisajes, que según la ONU es patrimonio de la humanidad; ya que cuando termina la explotación del mineral el entor- no queda devastado, destruido, irreconocible, inhabitable e irrecuperable

y se ha llevado consigo, flora y fauna que quizá en miles de años no volve- rá a florecer en ese territorio, esto es tan evidente y preocupante, que paí- ses como Canadá -principal país de donde provienen las multinacionales que extraen los recursos auríferos de nuestro territorio- tienen prohibida la extracción a gran escala, es decir, a cielo abierto, de minerales en sus propios territorios, por lo cual resulta muy curioso -indignante- que lo pue- den hacer en otros territorios.


Por último, al referirse a la minería y sus impactos hay que hablar del factor social, no menos importante que los factores antes nombrados; en cuanto a este habría que mencionar el desplazamiento de poblaciones, el reasentamiento de comunidades en-

teras, la expropiación de tierras, el cambio cultural que deben afrontar las poblaciones afectadas en cuanto a los cambios de su hábitos y costumbres, este tema es quizá, uno de los más dramáticos, ya que se ha visto que los intereses económicos priman sobre cualquier otra cosa y en ocasiones, es el mismo estado el que vulnera los derechos de las comunidades, como se presentó con la reforma al código de minas ley 1382 de 2010, que fue declarada inconstitucional por la Corte Constitucional debido a que no cumplió con la consulta previa a comunidades indígenas y afrodescen- dientes, como la Constitución lo ordena y de manera más amplia lo incor- pora el convenio 169 de OIT art. 6; se ha sabido de muchos más casos en donde el estado blinda tanto normativa como militarmente los intereses de las multinacionales encargadas de la explotación de los recursos, sosla- yando la integridad de su propia nación.


Es por estas razones, y muchas más, que a la gran “loco-motora” le hace falta mucho para empezar a andar, por lo menos de una manera soste- nible, amigable, humana, integra, ética, armónica, y por qué no, de una manera económica que realmente beneficie a toda nuestra población



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